El Camino de la Cruz

El Camino de la Cruz, también conocido como Vía Crucis, según San Alfonso María de Liguori, es una conmovedora meditación sobre la Pasión de Cristo a través de las catorce estaciones tradicionales. En esta versión, el santo Doctor de la Iglesia nos guía con profundas reflexiones y afectos espirituales, invitándonos a contemplar el amor infinito de Jesús manifestado en su sufrimiento por nuestra salvación.

El Camino de la Cruz

por San Alfonso Maria Ligorio

Oración de Preparación

SEÑOR mío Jesucristo, Vos anduvisteis con tan grande amor este camino para morir por mí, y yo os he ofendido tantas veces apartándome de Vos por el pecado; mas ahora os amo con todo mi corazón, y porque os amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que os he hecho. Perdóname, Señor, y permíteme que os acompañe en este viaje. Vais a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir y morir por el vuestro, amado Redentor mío. Si, Jesús
mío, quiero vivir siempre y morir unido a Vos.


Primera Estación
Jesús Sentenciado a Muerte

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinos, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.

ADORADO Jesús mío: mis pecados fueron más que Pilato, los que te sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, te suplico me asistas en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad.
Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Segunda Estación
Jesús carga con la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que iba a padecer.

AMABILÍSIMO Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tengas destinadas hasta la muerte, y te ruego, por los méritos de la pena que sufriste llevando tu Cruz, me desfuerza para llevar la mía con perfecta paciencia y resignación.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Tercera Estación
Jesús cae la primera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Su cuerpo estaba despedazado por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar; llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.

AMADO Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que te hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, librame de incurrir en pecado mortal.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Cuarta Estación
Jesús encuentra a su afligida madre

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente Jesús y María, y sus miradas fueron otras tantas fl echas que traspasaron sus amantes corazones.

AMANTÍSIMO Jesús mío: por la pena que experimentaste en este encuentro, concededme la gracia de ser verdadero devoto de tu Santísima Madre. Y a Ti, mi afligida Reina, que fuiste abrumada de dolor, Dame con tu intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de tu Hijo.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Quinta Estación
Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriera en el camino y, como deseaban verlo morir la infame Muerte de la Cruz, obligaron a Simón el Cirineo a que le ayudara a llevar aquel pesado madero.

DULCÍSIMO Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, como lo hizo el Cirineo, antes bien la acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengas destinada para mí, con todas las penas que la han de acompañar, la uno a la tuya, y te la ofrezco. Tu has querido morir por mi amor, yo quiero morir por el tuyo y por darte gusto; ayúdame con
tu gracia.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Sexta Estación
La Verónica limpia el rostro de Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo la devota Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudor y sangre, le ofreció un lienzo, y limpiándose con él nuestro Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.

AMADO Jesús mío: en otro tiempo tu rostro era hermosísimo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡Oh Señor mío!, también mi alma quedó hermosa ante tus ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la hedes figurado después con mis pecados. Tu solo, ¡oh Redentor mío!, puedes restituirle su belleza: haslo por los méritos de tu Pasión.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Séptima Estación
Jesús cae la segunda vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz. En la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al a fligido Señor.

OH PACIENTÍSIMO Jesús mio: tu tantas veces me has perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderte. Ayúdame, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en tu gracia hasta la muerte. Has que en todas las tentaciones que me asaltan, siempre y prontamente me encomiende a
Ti.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Octava Estación
Las mujeres de Jerusalén lloran
por Jesús

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimoso estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; mas Jesús les dijo: no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos.

AFLIGIDO Jesús mío: lloro las ofensas que te he hecho, por los castigos que me he merecido, pero mucho más por el disgusto que te he dado a ti, que tan ardientemente me has amado. No es tanto el Infierno, como tu amor, el que me hace llorar mis pecados.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Novena Estación
Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.

ATORMENTADO Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisiste padecer en tu camino al Calvario, dame la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar tu amistad.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Décima Estación
Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaran también con ella, la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:

INOCENTE Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufriste, ayúdame a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para, que pueda yo poner todo mi amor en Ti, que tan digno eres de ser amado.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Undécima Estación
Jesús es clavado en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrifi cio de su vida por nuestra salvación; le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.

DESPRECIADO Jesús mío: clava mi corazón a tus pies para que quede siempre ahí amándote y no te deje más.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Duodécima Estación
Jesús muere en la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas su cuerpo, inclina la cabeza y expíra en la Cruz.

DIFUNTO Jesús mío: beso enternecido esa Cruz en que por mí has muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, mas la tuya es mi esperanza. Ea, pues, Señor, por los méritos de tu santísima muerte, concédeme la gracia de morir abrazado a tus pies y consumido por tu amor. En tus manos encomiendo mi alma.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Decimotercera Estación
Jesús es bajado de la cruz

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos, José y Nicodemo, y lo depositaron en los brazos de su afl gida Madre, María, que lo recibió con ternura y lo estrechó contra su pecho traspasado de dolor.

AFLIGIDA Madre mia: por el amor de este Hijo, admíteme como tu siervo y ruega por mí. Y Tu, Redentor mío, ya que has querido morir por mí, recíbeme en el número de los que te aman más profúndamente, pues yo no quiero amar nada que no seas Tu.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.


Decimocuarta Estación
Jesús es colocado en el sepulcro

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañando también su Santísima Madre, que lo depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.

SEPULTADO Jesús mío: beso esa losa que te encierra. Tu resucitaste después de tres días; por tu resurrección te pido y te suplico me hagas resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eternamente contigo en la Gloria, amándote y bendiciéndote.

Te amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido; no permitas que vuelva a separarme de Ti; has que te ame siempre y dispon de mí como te agrade. Amén.